lunes, 8 de septiembre de 2014

Mermelada de moras (una receta... o algo así)


Una de las cosas que más gusta de esta época del año es hacer mermeladas caseras. La fruta está tan rica y tan bien de precio que es una pena no lanzarse. Además, si vives un un pueblo, es fácil que un día te encuentres en la puerta una bolsa llena de manzanas o albaricoques, como caída del cielo, sin saber muy bien a que vecino darle las gracias. La semana pasada os conté que fui a recoger moras para hacer mermelada.

Estos cinco tarros no salieron de las pocas moras que recolecté el otro día. Mi hermanita también fue  "de pesca" y las sumó a las mías. Al final terminó haciendo también la mermelada. Así que, en esta ocasión, mi trabajo se limitó a la parte "artística" que consistió en ponerle tapetes de cuadros a las tapas, dibujar moras en las etiquetas, hacer fotos y comerme la tostada. La tostada ya estaba fría después de la sesión fotográfica pero, aun así, levité unos instantes y oí coros angelicales mientras la degustaba. Lo que no haga yo por mis lectores...


Aviso para navegantes esta es una receta "de abuela", plagada de inexactitudes y tiempos a ojo. La típica receta que me desesperaba cuando empecé a cocinar (si es que no tengo vergüenza).

Para hacer cualquier mermelada solamente se necesitan dos ingredientes: fruta y azúcar. Dependiendo del tipo de mermelada, puedes añadir más cosas como especias o algún tipo de gelificante. Para esta preparación en concreto no es necesario, ya que el sabor de las moras es insuperable (se nota que me gustan ¿verdad?, apuntito estoy de arrancarme y escribirles un soneto de un tirón).


Ahora viene una de las partes espinosas: ¿cuánto azúcar ponemos? Haciendo honor a mi condición de gallega os contestaré con un "depende": entre 300 y 700 gramos por cada kilo de fruta, al gusto. Eso de "al gusto" es bastante irritante, lo sé, ya os estaréis preguntando: ¿Si no la he hecho nunca, como sé qué es lo que me gusta?

En mi humilde opinión, que considero que las palabras "demasiado" y "dulce" no se pueden combinar en  una frase gramaticalmente correcta (a menos que incluya un "nunca" en alguna parte),  le pondría 700 sin dudarlo. Si no sois tan valientes, podéis empezar con medio kilo la primera vez y ajustar la receta en el futuro (advertencia: este blog no se hace responsable de posibles casos de coma diabético).



Empezamos poniendo los ingredientes en un cuenco. Yo, mientras lo hago, recito en voz baja el hechizo de la madrastra de Blancanieves, con la esperanza de saltarme los pasos posteriores y poder saborear la mermelada sin más dilación (la paciencia nunca ha sido una de mis virtudes).

 Una ráfaga de viento
para avivar mi odio
un rayo potente
para mezclarlo todo

Por más que me pese, el conjuro no me ha funcionado nunca (aunque no pierdo la esperanza) y ningún rayo misterioso se ha colado por mi ventana para ahorrarme el trabajo (¡qué rabia!), así que me conformo con robar unas cuantas moras, dulces hasta la desesperación, y dejar macerar el resto durante un mínimo de dos horas.

Transcurrido ese tiempo, ponemos las moras con el azúcar en la cazuela más grande que tengamos. La mezcla nunca puede sobrepasar la mitad de la olla. Esta mermelada sube una barbaridad (como la leche) y si no dejamos suficiente margen, aparte de dejar la cocina hecha un desastre, podemos quemarnos.

La llevamos a ebullición y, luego, le bajamos el fuego y vamos removiendo (¡sin parar!) hasta que espese (entre 15 y 25 minutos). Esta parte es aburridísima, así que, mientras le doy vueltas, me entretengo recitando la escena Macbeth, donde las brujas preparan la poción (¡Qué hierba el caldero, y que la mezcle espese!) o añadiendo nuevos versos a "La canción del erizo" (que, por más que insistáis, no reproduciré ni bajo tortura).


¿Cómo saber que la mermelada está lista? Sacando una cucharada, soplando para que enfríe y comprobándolo la viscosidad. Si está muy líquida, toca remover un poco más. Si quedó demasiado sólida se le pude añadir un poco de zumo de limón. Seguidamente lo pasamos por un pasapurés.


Después hay que esterilizar los botes al baño maría. Explicarlo en detalle es un poco largo y yo estoy un poco vaga, así que os dejo este enlace donde lo explican todo como unos profesionales.



¡Y ya está lista! Os animo a hacerla. Su sabor no tiene nada que ver con las mermeladas comerciales. Podéis untarla en las tostadas, darle alegría a un yogur, hacer una tarta o, mejor todavía, cubrir los botes con tapetes bonitos y repartir frasquitos de felicidad entre familiares y amigos, porque las cosas realmente buenas hay que compartirlas.




17 comentarios:

  1. La mermelada de moras me chifla, cuando vivía en el norte cada verano hacia unos cuantos tarros, estaba taaaan rica!!!! ... me encanta como lo has adornado parece de cuento , y más con la vajilla que los acompaña...

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    1. No creas que soy mucho de mermeladas. Me gustan para las tartas y sobre todo para regalar, pero la de moras está tan rica que es difícil resistirse.

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  2. Ummmmmmmm qué pintón!! Yo reconozco que soy muy de tostada con aceite pero como en casa sí que les gusta, suelo hacerla y sólo por el olorcillo que deja en casa y el gustazo de ver luego los botecitos decorados.....! Las fotos increíbles como siempre....un besazo!

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    1. Muchas gracias. Yo soy de tazón de cereales, pero un día es un día.

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  3. Qué recuerdos! cuando era pequeña iba a por moras al río, solía llevar a casa la mitad de las que cogía, y al día siguiente tenía siempre una buena diarrea por comérmelas calientes XD.
    Gracias por la receta :-)

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    1. Yo tengo muy buenos recuerdos de mis veranos de la infancia, cuando íbamos docenas de niños a por moras. Creo que el comérselas sin lavar era la causa de los dolores de barriga... pero estaban tan ricas que volvías a la carga a la mínima oportunidad.

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  4. Un bizcocho casero, una capa de nata, otra de mermelada de moras y ¡qué viva lo dulce!
    Besitos

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  5. Mmmmm vaya pinta... no he probado nunca mermelada casera :D

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    1. Pues merece la pena, es una pena que no vivas cerquita... te caía algún bote seguro. Este mes he hecho de melocotón, de sandía (que no quedó como esperaba pero está bastante buena), de manzana con especias y cabello de ángel, ahí es nada.

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  6. Que bonito los botes y tiene una pinta super apetecible esa tostada¡¡¡, yo estoy liada con la mermelada de higos y de tomate, besos Avelina

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    1. Este año mi higuera se ha arrancado a dar higos, pero todavía son tan poquitos que nos los vamos comiendo sobre la marcha, tiene que estar deliciosa.

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  7. Te has puesto morada y no digas que es el color que refleja en tu cara, porque no me lo creo...
    De verdad que tu vas para escritora y te has parado a tomar un descanso fabricando los personajes de cuento (casi olvidados) en fieltro y preparando ricas mermeladas.
    Me encanta tu elocuencia, me chifla tu vajilla y sobre todo... me encanta leerte!!
    Un beso grande!!!

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    1. Ponerse morado ¿de dónde vendrá la expresión?. Acabo de buscarlo en google, y parece que viene de la cianosis producida por la falta de oxígeno en la comilonas... aunque yo sospecho que las moras tendrán algo que ver. A mi me encanta que te pases por aquí.

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  8. Yo anduve haciendo mermelada hace unos días también, me encanta! Y hacer jalea también. Y salsa de tomate. Esta temporada es lo que tiene, apetece estar en casa y dedicarse a preparar el invierno. Un beso!

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