lunes, 5 de enero de 2015

Tesoros de rastrillo


Nunca  hago propósitos de año nuevo. Dados mis antecedentes terminaría el año con un buen puñado de ellos sin cumplir. Creo que poner una fecha en concreto para empezar a hacer algo no es mas que una forma de postergarlo. Cuando el cuerpo te pide realmente un cambio no esperas a año nuevo, empiezas ¡ahora! De este modo, cosas que hace un par de años se me antojaban imposibles, las he adoptado como una forma de entender la vida.



Tengo alma de anticuario (lo que es una forma poética de decir que soy una acumuladora compulsiva). Me encanta tener cosas, y jamás iré por el lado oscuro del minimalismo, pero querer guardarlo TODO puede convertir tu vida en un caos y mantenerlo todo limpio y ordenado es una especie de misión imposible.

Empecé a sentir que necesitaba más espacio y más tiempo. Un buen día me decidí tímidamente a donar los libros repetidos y, después de llenar la primera caja, no puede parar. Hay cierta inercia en guardarlo todo pero, por suerte, descubrí que desprenderse de cosas también engancha. Me deshice de todos los libros que no iba a volver a leer, de la música que jamás volvería a escuchar, de la ropa que no me pondría de nuevo, de los regalos feos, las cosas rotas, de la inmensa mayoría de los "por si acaso"... y, en el proceso, descubrí que no era una persona tan desordenada como pensaba, que los recuerdos que realmente merecen la pena se guardan en en la cabeza que es un lugar donde el espacio no es ningún problema y que mis gustos han mutado, esponjado y evolucionado. Todos somos más felices si el espacio en el que vivimos refleja quienes somos.

Lo más asombroso es que no he echado nada de menos y dejo de preguntarme porqué no lo había hecho muuuuuuuuuuucho antes.


También descubrí que es bastante fácil ser ordenado si cada cosa tiene su sitio y no hay que bucear en un montón de trastos para conseguir guardarlo (o cogerlo).

Pero aprender a desprenderse de cosas sólo era un parte de la ecuación. Otra parte, igualmente importante, consistió en no meter cosas nuevas en casa.

Y eso resultó más complicado. Comprarme un libro electrónico e ir más a la biblioteca ayudó muchísimo en la tarea. Pero no era suficiente. Me enamoro de las cosas con una facilidad pasmosa. Me  gusta tanto la naturaleza que no podía volver a casa después de un paseo sin haberme llenado los bolsillos de piedras bonitas, hojas o plumas, así que no os quiero ni contar lo que sucedía al entrar en una papelería o una mercería.

Dejé de frecuentar ciertos sitios para no caer en tentaciones... pero, para mi sorpresa, poco a poco, dejó de ser necesario. En estos momentos me lo pienso muchísimo antes de llevarme cualquier cosa a casa (por pequeña que sea) ¿De verdad lo voy a usar? ¿Tengo sitio para guardarla? ¿Realmente me gusta tanto para querer verlo cada día?

Os voy a contar un secreto. Sé que resultará difícil de creer. Hace unas semanas entré en el Tiger para comprar cuatro velas para mi candelabro navideño y, a pesar de que había sellos diminutos de ciervos, carretes de hilo estilo vintage con lazos de purpurina y tazas con forma de pingüino, salí de la tienda con exactamente cuatro velas rojas.


Después de confesar esta proeza no sé si podré escribir en el blog durante un tiempo. Si esto llega a oídos de la prensa empezarán a llegarme ofertas de la más diversa índole  que no sé si podré rechazar.

Me llamarán para dar conferencias en el Vaticano hablando de contención, el Dalai Lama me pondrá como ejemplo a sus monjes, se acuñarán monedas con mi efigie que lleven una inscripción dedicada a la prudencia o la tranquilidad en su reverso y los antiguos espartanos se revolverán en sus tumbas mientras ermitaños de los lugares más recónditos erigirán estatuas en mi honor.

Es más, la Emperatriz Infantil me entregará personalmente el Auryn (segura de que lo utilizaré sabiamente), Dumbledore me ofrecerá una plaza de Profesora Titular de "Defensa contra las Artes Oscuras", me acusarán de ser un cylon y la "Guardia de la Noche" me nombrará (por unanimidad) Lady Comandante.

¿Y ahora vengo y hago una entrada de tesoros de rastrillo? Parece una tomadura de pelo. Pero, en realidad, es la primera desde hace seis meses. Además, ahora sé, que estos objetos, que en estos momentos me encantan, no tienen porqué ser un lastre para siempre. Si algún día dejan de gustarme, no me costará lo más mínimo desprenderme de ellos para que encuentren un nuevo hogar.

Como bien sabéis, cuando rebusco en un mercadillo, me llaman la atención dos cosas: libros viejunos y vajillerío diverso.

Este año en el rastrillo de la protectora de animales he encontrado otra bolita de porcelana inglesa para llenar de hierbas aromáticas para perfumar los armarios. Me encanta poner sábanas limpias y que huelan a lavanda o hierba Luísa. También una tetera de peltre desconchada que voy a usar como florero y esta jarrita que formará parte de mi segunda lámpara de tazas.







En el mercadillo encontré un precioso dedal con dibujos de Edith Holden y unos cuencos para hacer sufflé con dibujos de moras que ya he estrenado.


Y por último el más especial de todos un plato que llama a la primavera. Da gusto tener amigas que te conocen tan bien y te quieren tanto que llenan sus maletas de platitos de ratones aunque vuelen con una compañía de bajo coste.


Ahora os dejo. Me voy pitando a ver la cabalgata que los pajes pasan lista y, si no estoy, los Reyes tal vez no se pasen esta noche.

No olvidéis dejar un cubo de agua para los camellos.

7 comentarios:

  1. Ay, cómo te entiendo en todo. Y qué orgullosa estoy de ti, entrar al Tiger y no comprar un carrete de esos viejunos (yo tengo dos y cada vez que voy estoy tentada de comprarme un tercero).

    Tengo una tetera de peltre muy, muy similar, pero en color naranja que compré en Suecia :) Me chiflan esas teteras, las jarras y las tacitas así esmaltadas.

    En fin, te dejo, que me voy a dormir, a ver si pasan SSMM. En casa hay un poquitín de histerismo en este momento... Besotes!

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  2. Tus palabras muy oportunas, me caen "como anillo al dedo" (así decimos por aquí).
    También recojo y guardo cosas para mis manualidades... aunque a veces ni las utilizo.
    Precisamente es un propósito firme para este año y gracias a tus reflexiones siento que también puedo hacerlo!
    En Colombia no tenemos la costumbre de los regalos de los reyes, ya llegaron con el Niño Dios..

    Un abrazo!

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  3. ¡Soy como tú! No entiendo el minimalismo, me gusta tener cosas y admirarlas y me hacen sentir bien sus recuerdos. Somos así. Pero también he descubierto el entrar a las tiendas y decir: no, eso no. Y también me gusta esa sensación de tener control (un poquito). Me ha encantado tu post, siempre pienso en explicarlo yo también en mi blog y nunca llega el momento, pero como tú dices cuando me salga ya lo explicaré. También me niego a hacer propósitos que sé que luego la vida va a dejar o no dejarme cumplir, ya fluirá todo! Un besote ;)

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  4. Más de una vez te he dicho que cuando te leo....además de reírme muchísimo, me identifico un montón contigo, me ha chiflado tu primera foto con todo ordenadito pero.....bufffff eso a mi así me dura 2 días y lo de Tiger, casi lo veo como un pecado,,,,jejejeje. Nunca me ha pasado! Salir con sólo lo que quería! Vas por el buen camino, deberìa parecerme un poco mas a ti..... ;) un besazo!

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  5. Con esta entrada que haces, nos dejas pensativas a más de una. Me resulta complicadísimo deshacerme de pequeñas cosas, y todos los años me propongo miles de "retos" que no cumplo. Gracias por compartirlo y Feliz Año. Un besazo

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  6. Qué gran idea como propósito para el 2015 !!! Preciosa entrada como siempre !!

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  7. Hola Paloma! Mi punto débil son las lanas , todavía no he conseguido dejar de comprarlas ,las existencias caseras van aumentando, ainss !!!! ...hace tiempo que leí esta entrada y me ha hecho reflexionar mucho , eres super divertida explicándolo, y me encantan las fotos que nos enseñas están llenas de armonía y belleza... ;))) Bsss

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