viernes, 26 de febrero de 2016

Amigos de tela

Hace ya unos cuantos años, un amigo me regaló una máquina de coser. Nunca me había planteado hacerme con una, aunque llevara un tiempo cosiendo casi a diario.

Mi fotógrafo guardaba en un armario una máquina de coser preciosa, llena de arabescos dorados,  que había pertenecido a su bisabuela y que se guardaba en una caja de madera lacada.  Para accionar la máquina, había que hacer girar con la mano una especie de rueda situada en uno de sus laterales . La única vez que intenté aprender a usarla el desastre se olía en el aire. Lo reconozco: la coordinación no es uno de mis fuertes. Así que, mientras intentaba mantener controlada la tela, procuraba que no se enredara el hilo y le daba vueltas al volante, por una fracción de segundo perdí de vista la aguja... mejor no os cuento el resultado.

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